Soy Eduardo Carreras, el periodista de Canal 3, ese programa cultural que se emite a las 11 de la noche, los martes.
Esta será mi única aparición en Blogtavio, el rincón en el que Octavio quiere expresarse, contarles el como y el porque segun el lo ve y lo siente.
Para que entiendan porque yo, un reconocido periodista, voy a estar tecleando horas y horas, les explicaré como lo conocí.
No diré nada mas, Uds. se van a dar cuenta de todo solitos.
En el año 2000 iba a las 9 de la mañana a Pilar, muy tranquilo y contento.
La vida me sonreía, recién independizado iba en mi auto a desayunar al aire libre para cerca del mediodía ver a un cliente, había sol, música, los primeros fríos no muy fuertes del otoño y un viento constante del oeste.
Al pasar el peaje me llamó la atención un señor de unos 40 años, con un cartel que decía "Capilla del señor", alto flaco morocho, muy prolijo, con ropa gastada pero correcta y un pequeño bolso de cuero que me hizo recordar a mi abuelo.
Me aproximé y le pregunte si le servía que lo dejara a mitad de camino.
Dudó pero luego de unos segundos de vacilación hizo ademán de subir al auto.
Fué una de esas decisiones cotidianas, que cambiaría mi vida entera.
Cambiaría mucho mas, toda mi filosofía, la manera en que veía, analizaba y aceptaba la vida.
Volvamos a ese día, después de unos kilometros en silencio tomó confianza y empezo a conversar con una voz calma, de forma pausada, como si eligiera cuidadosamente cada palabra antes de lanzarla al vacío. Pese a ello su lenguaje no era elaborado ni florido, su estructura era simple, casi aniñada.
- Que lindo está Pilar, es increible, antés era un pueblo.
- Que lindo esto, que lindo aquello, acá habia un chiquero de chanchos apestoso, ahora hay un negocio de antigüedades...
Me empezó a intrigar, hacía años que iba por esa ruta a hacer negocios y nunca había visto nada de lo que el hablaba.
- Perdón, pero ¿ Hace cuanto que no pasabas por acá ?
- La última vez hace 22 años.
- ¡ Eeeepaa ! Cuanto tiempo, ¿ Y a que venís ?
- Es una historia larga, señor (me incomodaba el señor siendo 10 años mas chico). Estuve en el penal de Río Gallegos la mitad de mi vida.
Glup, se nubló todo, se esfumo la música y el clima pasó a ser denso, lúgubre.
- ¿ Cómo ?
- Si, 22 años preso.
- ¿ Cual era la acusación ?
- Cosas feas, señor, cosas feas. Maté a un hombre malo hace mucho, me condenaron a 8 años de prisión. Después, en el penal hubo uno que se quiso aprovechar de mi, me defendí y me condenaron a 25 años mas. Por suerte me liberaron antes, hace una semana.
Debo admitirlo, tuve miedo, era evidente que al hombre no le funcionaba el mecanismo del todo bien, su mirada era extraña, y no sería para nada dificil que sacara un hacha y me cortara al medio como a una calabaza.
- Ahora voy a ver a unos parientes en Capilla, y estoy cansado.
- Una semana de viaje, no era mejor un bondi ?
- En el penal me dijeron que con el certificado los transportes me tenían que trasladar gratis hasta mi casa, pero en la boletería se rieron, así que me vine a dedo. Hace dos días se me acabó la plata, quiero llegar, comer y dormir una semana entera. Bañarme.
- Dos días sin comer !!! Pero que pasó ? te robaron ? Con cuanta plata saliste ?
- Uno de los guardias me dijo que, descontando la comida y todo eso me quedaban 20 pesos, con eso salí.
Ya no había miedo, solo una enorme curiosidad, él no parecía violento, no era la cara de un asesino, tenía como una bondad latente, una especie de aura (si puede que esté loco, y que ?)Quería saber mas de esa historia, por lo que decidí entrometerme y conocer mas a ese tipo tan particular.
le propuse desayunar en la terminal de Pilar y ayudarlo para que le den el traslado que le correspondía.
- Bueno, señor.
- ¿ Cómo te llamás ?
- Segundo López, pero nunca me llamaron así, siempre me dijeron Octavio.
- Si, se podría decir que soy Octavio López.
Y empezó a llorar.