lunedì, luglio 10, 2006

Interrupción

Perdonen, nuevamente, mi intromisión.
Octavio no los abandonó, estuvo todo este tiempo en un pueblo muy pequeño en el corazón del amazonas.
No creo que sepan ustedes el informe metereológico de esa zona en Brasil, les comento que estuvo azotado por feroces tormentas, huracanes desvastadores e inundaciones terribles.
No sale en los medios pues afecta solo a gente común. No hay celebridades ni espectadores que justifiquen la cobertura de historias trágicas de personas simples.

En el pueblito donde estuvo Octavio había paz, pues la gente que estaba a su lado era buena, mas bien pura, gente de esa que pocas veces nos cruzamos en la ciudad.
Pese a todo, estaba tranquilo, estaba bien, está bien ahora.
En poco tiempo, nos seguirá contando su vida.

Cordiales saludos,

Eduardo Carreras

lunedì, gennaio 16, 2006

Dar de nuevo.

Al día siguiente me despertó Carmen, bastante temprano, sería a eso de las siete.
Me dio un desayuno riquísimo, mate cocido, pan calentito con dulce de higos que ella hacía cada tanto.

Estuve caminando un poco por el lugar, pero no pude ir a ver el río, Carmen me lo prohibió.

Al mediodía vino el cura caminando desde el río.
Me morí de miedo, llevaba a los tirones una leona parda, grande. Casi me hago encima.

Después de almorzar el cura me llevó a una especie de biblioteca con un escritorio lleno de papeles y libros, con olor a viejo y esa media luz que solo en el campo se consigue, una penumbra agradable y fresca.

Me dijo que después de la siesta iba a ir a hablar con mi Papá, que no me lo podía asegurar, pero creía que no iba a tener problemas.
Yo temblaba, callado.
Me puso la mano en el hombro y me tranquilizó.
A vos no ta va a pasar nada, no te asustés. Tenés mi palabra.
A la noche llegó con cara de cansado, justo antes de caer el sol.
Se me acercó, muy serio y me preguntó si quería volver a mi casa.
Sin poder hablar moví la cabeza de un lado a otro, no no y no.
- Entonces quedate tranquilo, ya vamos a arreglar todo para que te quedes acá con nosotros.
Te va a gustar, estoy seguro.

Mucho después supe que la discusión con Papá fue terrible, que nunca se había visto al cura tan enojado, en la Iglesia retumbaron sus gritos, y la gente habló durante mucho tiempo del miedo de mi papá, de cómo salió temblando, mirando el piso y rojo de vergüenza.

Me quedé.
Me gustó. Mucho.

venerdì, gennaio 06, 2006

San José


Después de un par de horas llegamos a un campo muy lindo.
Se notaba el cuidado, las pircas estaban enteras y prolijas, los alambrados firmes, el paisaje era menos árido.
Era un rincón especial, pero solo mas tarde, muchos años después, lo sabría.
A la sombra de una sierra baja había un grupo de casas blancas y galpones bajos en herradura, con un patio muy grande en el medio.
Pegada a la barranca una casa se distinguía, mas cuidada y querida.
Ahí paramos, nos estaba mirando una señora con un vestido celeste y un delantal blanco, pelo castaño corto, ojos tiernos y una sonrisa grande y brillante.
Se escuchaba, cerca, un río que debía ser bastante grande.
El cura se bajó poniendo cara de cansado, me agarró y me llevó para adentro sin decir nada.
Habló poco y serio con la señora y ella me llevó al baño mientras empezaba a hablarme con voz de maestra, me baño, me dio ropa linda, un vaquero azul medio desteñido, una remera blanca y un suéter marrón, me dio unas medias blancas y me ayudo a ponérmelas. Se llamaba Carmen.
Cuando me llevó a la cocina y puso enfrente mío unas tortas fritas y un yerbeao me di cuenta el hambre que tenía.
Cuando estaba terminando la sexta, el cura apago el cigarrillo y me dijo:
- Esto es San José de los ríos, changuito.
Me acomodó en un sillón y enseguida estaba cabeceando de sueño.
Antes de dormirme del todo me di cuenta que el Cura estaba sonriendo, pensativo, mientras me miraba con el mate en la mano. Era la primera vez que lo veía sonreír, que no estaba serio.
Soñé con el río, el cura, Carmen y el enorme caballo negro.
Era un lindo sueño.

mercoledì, dicembre 21, 2005

Nacer de nuevo


No se cuanto tiempo pasó ni cuantas veces llamé a Papá.
No se como poner en palabras tanta desesperación.
Todavía no había cumplido los seis años.
Mi destino era morir ahí abandonado.
Para no congelarme me amuché a una vaca muerta que al menos me reparaba del viento.
Lo mas terrible fue cuando se hizo de noche, cualquier ruido o crujido, y hasta el silencio, todo me asustaba y me tenía al borde de un ataque.
Encima estaba todo negro, no había una estrellita que escapara a las nubes para hacerme compañía. Estaba ciego y asustado, con hambre y con frío, con dolor y tristeza.
En algún momento, agotado, me dormí. Eso me salvó la vida, pues muy cerca de mí pasó un puma, que si hubiera advertido mi presencia, delatado por el miedo o el llanto, no se que hubiese pasado.

Me desperté al amanecer con un sacudón.

-Arriba ! Vamos ! LEVANTATE, CARACHO.

Abrí los ojos y traté de hablar pero no salió nada entendible.
Me levantó, me sentó en el caballo mas lindo que vi en mi vida, me puso una frazada tosca y pesada, pero muy suave y abrigada.

- Pedro, usted siga a la leona y mátela, pero no me venga con excusas como la última vez, no sea cagón. Si se le escapa no vuelva al puesto, entendió ? Yo me voy para casa, que este se está muriendo.

Yo ya había reconocido los modales bruscos del Cura y tenía miedo, no de él, tenía miedo que me llevara a casa, traté de hablar de nuevo, pero no pude.
Antes de subir al caballo me acomodó la manta, me miró y dijo.
- Vos no te preocupes, ahora vamos para mi casa que está mas cerca. Ahí Carmen te va a dar un baño para sacarte el olor a bicho podrido que tenés, ropa seca y una buena comida. Vas a dormir todo lo que quieras y después me vas a contar como te escapaste y llegaste hasta acá. Me entendés ?

Dije que si, no se si me oyó, pero se subió al caballo y empezó a galopar.
- Agarrate bien y no llorés que no estoy para mariconeadas.

En mi cabeza quedaron grabadas la sensación de libertad, el majestuoso andar del caballo, el olor a jabón del cura, su silencio y una sensación de alivio.
No lo sabía, pero ese día renací.
Estaba vivo.

giovedì, dicembre 15, 2005

Solo

Fui el último en darse cuenta que algo terrible iba a pasar.
De ser más vivo hubiese notado la mirada cada vez más hosca de Papá, sus gritos, sus palizas, que casi siempre eran para mí.
Me hubiera dado cuenta que Mamá no me cuidaba mas, que no decía mi nombre.
Le hubiese preguntado a María porque se escapaba de mí para ir a llorar sola al medio del monte.
Pero no fue así. Solo me sentía cada vez más triste, mas solo, humillado todo el tiempo. Volví a hacerme encima como un bebé. Realmente no había un solo gesto, una sola caricia que me ayudara a soportar mi vida.

Una noche de Agosto, medio dormido escuche gritos, el llanto de Maria, desconsolada hasta que Papá la silenció de un tortazo… -Ya está decidido, basta.
Dos días después Papá me despertó a mitad de la noche y de un tirón me sacó de la cama y me llevó afuera. Sin darme un abrigo me subió al caballo y salimos hacia el monte. Era una noche cerrada, con la oscuridad que solo podés ver en el campo, llovía y el frío me estaba penetrando hasta el hueso, no podía dejar de tiritar.
Después de casi dos horas vencí el miedo y le pregunté a Papá adonde íbamos.
-Silencio, che.
-Tengo mucho frío, adonde estamos ?
-Callate, te dije, che.
Algo pesado me oprimía, empecé a llorar despacito para no ligar.
Cuando ya empezaba a adivinarse una claridad lejana, al lado de un arroyo, Papá se baja y me dice, evitando mirarme a los ojos (fue el único gesto de culpa que tuvo):
- Vení, callado.
No se porqué, empecé a llorar y a gritar, traté de correr para algún lado. No pude.
Papá me agarró de la nuca, me tiró al arroyo y, como a un perrito, me hundió la cabeza en el agua helada. Yo trataba de hablar – Qué pasa, Papá ? Qué hice ? Sentí que me iba durmiendo, estaba poniéndose todo negro y pensé que no era tan malo, al dormir tenía paz.
Creyó que estaba muerto y se fue, dejándome flotando boca abajo en el agua. Me desperté congelado, tiritando como loco y sin poder hablar, casi sin poder respirar.
No lo sabía pero estaba en la pampa de Olain, uno de los lugares mas duros de las sierras cordobesas, a 700 metros de altura, a 20 Km. de cualquier pueblo. Estaba empezando a caer una mezcla de lluvia y nieve, yo estaba en pantalones cortos y remera, descalzo.
Debajo del aullido constante del viento y la lluvia se oían mis gritos…
PAPAAAÁ !!!!

PAPAAAÁ !!!!

venerdì, dicembre 09, 2005

Un paréntesis -Otra vez Eduardo-

Perdonen la intromisión, trataré que sea corta, la aparición del cura merece algunas aclaraciones sobre su vida que Octavio no conoce a fondo.

El cura Mendioroz se llamaba Rafael Augusto Mendioroz y pertenecía a una de las mas ilustres familias cordobesas.
Desde los tiempos del virreinato eran protagonistas económicos, civiles, políticos y religiosos de la provincia, dueños de mas de doscientas setenta mil hectáreas, un ingenio azucarero en Tucumán, una compañía de seguros, un banco, miembros de la mas importante escribanía y el estudio jurídico mas poderoso del interior del país.
Sus antepasados habían sido gobernadores, ministros, generales, embajadores y obispos.
Rafael era el menor de los once hijos del “Almirante” Mendioroz y desde que nació su futuro estaba determinado, el iría al clero.
A los doce años dejo la lujosa casa paterna y comenzó su carrera con los jesuitas, se enriqueció culturalmente, se enamoró ciegamente de Dios, se alejó de la meticulosa trama de dinero y poder que se tejía en su familia.
Se entregó a servir a los demás con devoción, voluntad y una apabullante inteligencia.
Cuando se ordenó todos le auguraban una corta estadía en el obispado y una fructífera labor en el Vaticano. Era muy inteligente, educado y cortés, podía hablar con la simpleza de un gaucho y la erudición de un filosofo, en inglés, francés e italiano. Era trabajador, leal, solidario y generoso.
Tendría dos graves problemas, era uno de los hombres mas apuestos de la ciudad y era legendaria su sed de justicia, “ yo pertenezco a una clase traidora, taimada e hipócrita. Es imposible amar a Dios y a la plata, los ricos no van al cielo. Dios quiere a todos...pero perdona con mas amor a los pobres”.
Rechazó la curia y fue a Río Cuarto, al año debió ser discretamente trasladado pues las damas viejas y estúpidas no resistían su franqueza en el confesionario, las bellas e inteligentes no resistían su porte y su cama.
El almirante no le habló mas, ni siquiera en el lecho de muerte quiso volver a verlo.
Fue a Córdoba capital y desde el pulpito fustigó duramente a Perón, dicen las crónicas de esa época que el General lo odiaba (“un curita cordobés no puede decirme verdades públicamente”) por lo que fue finalmente trasladado a Roma para salvar su vida hasta que, luego de la caida y exilio del General, pidió volver a las sierras.
Fue enviado a La Falda, donde no molestara demasiado, y desde allí comenzó su gran obra.
Creó una fundación para dar educación a la gente pobre del campo, para que no fuera su única alternativa la cosecha y la yerra.
En ese momento lo conoce a Octavio, el resto lo sabrán por boca de él.

Ahora me callo.

venerdì, dicembre 02, 2005

Las sierras


La vida en las sierras es tranquila, todo pasa despacio, con su propio ritmo.
Pese a nuestra pobreza el lugar donde vivimos es lindo, en serio.
Unas sierras bajas, mucha vegetación, unas cuantas pircas, a pocos metros el río Yuspe, muchas vertientes.
Si la familia hubiera estado más unida, con más amor, hubiera sido una vida feliz.
Pero no, la miseria era una corrosiva capa que cubría todo. Mis papás estaban cansados, cansados de luchar y de vivir así.
De mis hermanos los que me trataban bien eran el mas grande, Carlitos, y la única mujer María. Oscar, Pedro y Daniel eran malos, se burlaban todo el tiempo de mi, yo hacía las cosas mas despacio, lloraba cuando mataban una lagartija, le tenía miedo al agua y a las víboras, hablaba mal y pocas semanas atrás me hacía encima.
Cuando empecé a ligar un par de rebencazos por cada ensuciada tuve que aprender a la fuerza.
Todos iban a la escuela del cura menos María (ella solo debía aprender a ayudar a Mamá) y yo.
Por eso mis mañanas eran tranquilas, me quedaba sentado mirando a María que lavaba, fregaba y cocinaba cuando había comida, repetía palabras y ella me iba corrigiendo con paciencia.
Al mediodía caían todos y se terminaba la paz, llegaba Papá que me miraba con mala cara, siempre, yo era como una espina, cómo podía ser tan lento, casi bobo.
Pero la tortura empezaba después de la siesta, cuando Carlitos se iba a vender piedras de mica a los porteños que iban a la cascada del Yuspe. Él era el futuro de la casa, generoso, piola, medio pillo pero bien, responsable y tozudo. Él era el único que podía salir de todo eso, el único que iba a llegar lejos. En el pueblo lo querían todos y el cura especialmente mostraba su predilección. Si, el si iba a poder salir, seguro.
Ahí los otros empezaban a torturarme y pobre de María si se metía a defenderme.
Igual sobreviví, no les guardo rencor pero tampoco les tengo nada de cariño, nada.

Un miércoles de Febrero, a las cinco de la tarde viene corriendo Pedro, a los gritos.
-Mamaaaaaaá, Mamaaaaaá, al Carlitos lo pisó un auto ¡!!!!
Todos salieron enseguida para el pueblo, no se porqué, yo lloraba.
Todavía no entendía nada.
Cuando llegamos ya estaba muerto, en el dispensario, tapado con una sabana toda mugrienta.
Papá estaba hablando con Núñez, uno de los policías, que se encogía de hombros.
Hacía un rato se fue Viñas, un porteño dueño de un gran campo, que era el que con su camioneta lo chocó a mi hermano.
Volvimos muy tristes, no solo estaba muerto, sino que teníamos que esperar para que nos dejen enterrarlo y además al que lo había hecho no le iba a pasar nada, la justicia no era para los pobres.
A los dos días fue el entierro, estaba medio pueblo y hasta me pareció ver que el Cura Mendioroz lagrimeaba también.
Yo no dejé de llorar y llamar a Carlitos en ningun momento, dejé de comer, dejé de aprender palabras y temblaba hasta cuando dormía.
Desde ese día mi Papá me pegaba por cualquier cosa, cómo podía ser que la vida le saque el mejor hijo y le deje al tonto, a ese que cuando saca el cinto se caga encima como un perro.

El cura vino a los diez días a hablar con mi Papá.
Había usado todas sus influencias, Viñas estaba preso, y se iba a ocupar que siguiera así, aunque tuviera que pelearse con toda la curia. Se sabía en La zona que la palabra del cura era santa, firme como una piedra. Iba a cumplir.

Cuando se iba de casa se sentó a hablar conmigo cinco minutos, me regaló un caramelo, me revolvió el pelo y se fue con una sonrisa extraña en el rostro, mientras movía la cabeza con un aire de resignación.
Me gustó, me cayó bien pese a cierta brusquedad en sus modales.

Imposible imaginarme en ese momento que el Cura iba a ser tanto para mi.

venerdì, novembre 04, 2005

El rancho

Yo nací hace 45 años en La Falda, Córdoba.
Soy el sexto hijo de los López, me nombraron Segundo porque el parto fue rapidísimo, sin ningún problema ni dolor. Pero siempre me dijeron Octavio porque mis papás querían tener ocho hijos, pero después de mi no llegó nadie mas.

Me gustaría decir que era una familia feliz, con muchos cantos y ruidos de chicos en la casa. Pero la miseria lo cubría todo, lo ennegrecía.
El rancho era muy feo, muy chico, muy sucio, muy triste.
Muy triste.
En algún momento todos los golpes recibidos hicieron que mis papás se rindieran, bajaran los brazos y se dejaran comer el corazón por la angustia, el hambre y la marginación.
Estaba todo podrido, con un olor dulzón y penetrante que no se podía disimular.
Muchas comidas sin nada.
Mucho trabajo por unas monedas que no alcanzaban ni para ser pobres.
Me gustaría decir que tenía arreglo –de algún modo todo se puede arreglar- pero no.
En ese momento de mi vida lo que me quedó grabado en la cabeza fue el dolor de panza por tener solo agua y pan duro, el frío por los pies descalzos en invierno, la violencia que flotaba en el aire, que se materializaba en cualquier momento y muchas veces sobre mí, era el único desahogo.
Vivir sin escudos, cuando hacía frío me congelaba, cuando llovía me mojaba.
No había donde esconderse para que no doliera tanto.
Una sensación de rabia, impotencia e injusticia. Supe lo que era vivir sin amor, abandonados por Dios. Era muy chico, sino seguro que me sentaba en la iglesia y me peleaba con el niño Jesús a los gritos. Era imposible que Dios creara familias como la nuestra, sin posibilidades en la vida.
Era imposible que Dios me creara a mí.
Pero al no poder ordenar esas sensaciones en mi cabeza, lo que se oía era un llanto desesperado y una mirada torva.
Ya conocía muchas de las miserias humanas, y casi ninguna alegría.
Estaba por cumplir cuatro años.

lunedì, ottobre 31, 2005

Perdón


Hola.

¿Cómo están?

Perdón la demora, pero tengo que decirles que me da miedo.
Me da miedo empezar a contarles mi vida.
No los conozco, no se quienes son, de donde vienen.
No se si son amigos o hermanos, padres o hijos de gente que estará en estas paginas, hasta capaz me conocen bien, saben quien soy, en fin.
La cuestión es que me da terror exponer mi vida así, sin red, sin ningún velo a su alrededor.
Me da miedo que no entiendan, que no me pueda explicar bien.
Igual no me importa, hace un par de semanas decidí que iba a contar mi historia, mi vida, quiero que quede alguna huella de Octavio, quiero que sepan lo que pienso y lo que siento.
Ese será mi aporte.
Lo primero que quiero decir es perdón.
Ustedes me van a tener que perdonar por muchas cosas.
No se hablar bien, mis palabras no son muchas, no son cultas, no son inteligentes ni agudas, solo son mías.
Puede que lloren cuando lean algunas cosas, lo siento. La verdad no quiero causar mas pena, no me gustan las historias tristes, pero en definitiva mi historia tiene una buena parte de tristeza, de maldad. Espero que se acuerden más de las partes lindas de mi vida.
Y para terminar les pido perdón si buscan misterio, sexo, vértigo o intriga.
En mi vida no hay mucho de eso, capaz se aburren. No puedo hacer nada para evitarlo.

En unos días les voy a empezar a contar mis vidas, creí mejor dividirlas para que entiendan cada etapa. Son muy distintas una de otra.
La primera es hasta que mis padres me abandonaron.
La segunda en con mi otra familia, con el cura Mendioroz, hasta los 11 años, ahí fui muy feliz.
La tercera es hasta que termina el juicio. No se adelanten, ya van a saber.
La cuarta es en Río Gallegos, si bien fue duro, podría decir que no fue tan malo como suponía.
La quinta es ahora, después de conocer a Eduardo, lo que vivo en cada día con mi bicicleta amarilla.
Tengan paciencia, solo soy un chico medio tonto tratando de encontrar las palabras justas.

martedì, ottobre 18, 2005

Las últimas palabras de Eduardo.

Dolía.
Oír su llanto era especialmente doloroso, si bien no era estridente ni dramático, era la actitud, lo que se adivinaba detrás, la terrible angustia de alguien que no tiene salida, que no tiene armas para luchar contra un enemigo despiadado, la vida.
Sus sollozos decían que estaba vencido, que en ese momento la angustia toda del mundo se condensaba en él.
Ver llorar a una persona es feo, de hecho yo no soportaría ni siquiera el llanto de mis enemigos, pero cuando surge de un indefenso, de alguien vulnerable, de un chico, socava mi espíritu. Y cuando no tiene remedio, cuando es una situación imposible de solucionar, carcome mi alma hasta sus cimientos, es como si me estuviera desintegrando, mi fe se hace añicos victima del peor de los ácidos.
El sufrimiento en su estado más puro me obliga a no entender a Dios.
Epa, me fui del tema. Debo recordar que esta es la historia de Octavio, solo soy su portavoz, aquí no hay lugar para mis pensamientos, lo único que debo hacer es ordenar un poco sus ideas, buscar las palabras adecuadas para que lo escuchen si que se pierda la esencia de su mensaje, lo mágico y tremendo que hay en Octavio, lo que es Octavio.
El propósito de esta pocas líneas es que entiendan cómo y porqué me capturo, como logró que me enfureciera con el mundo entero y como logró después que toda esa inmensa ira y esa aplastante sensación de impotencia se transformara en una especie de energía positiva.
En vez de derribar los muros en sus caminos, Octavio los derrite, los seduce, los distrae, los encanta.

Para que pensara en otra cosa y dejara de llorar le fui contando algunas cosas de mí, que era periodista, que no tenía mujer ni hijos, que era feliz disfrutando de mis minutos de fama, de algunas monedas, de la noche y los excesos.
Comenzó a prestar atención, dejo de llorar y luego de secarse los mocos con la manga como cualquier chico empezó a preguntar.
- ¿ Y quienes son sus amigos?
- Tengo un montón, del trabajo, colegas, de la noche... (pero me quedé pensando)
- ¿ Y quien es su amor? ¿ Su compañera?
- No tengo, por ahora, ni lo necesito. Tengo todas las mujeres que quiero, pero sin compromisos, por poco tiempo.
- ¿ Y no las quiere? ¿ No las extraña? ¿ No tiene miedo de lastimarlas? ¿ De lastimarse?
- ¿Quién hace que no se sienta solo? Se lo digo porque yo estuve solo mucho tiempo y es feo, es triste.

Deseé que callara, cada pregunta desgarraba mi carne, perforaba mis huesos y afectaba a todos mis órganos vitales.

Por suerte llegamos a Pilar y pude desviar la conversación. Fuimos primero a la boletería, luego del obvio rechazo del encargado los atosigue, los amenace con acciones legales, grité gesticulé y los torture. Recité los nombres de los poderosos de la ciudad casi sin equivocar a ninguno. Después de 15 minutos me rendí a la indiferencia esos tipos y pague los $ 7 para el pasaje a Capilla.
En el barcito pedí un cortado para mi y un café con leche y tres medialunas para Octavio.
Noté que no me prestaba atención y sus ojos se dirigían a un cartelito en la barra promocionando sándwich es de milanesa completos.
Le pregunté si quería uno, ni siquiera pudo hablar, se limito a asentir exageradamente con la cabeza mientras se relamía ante el festín.
El mozo trajo uno de esos sándwich es con acoplado y media res adentro.
En pocos segundos fue un recuerdo, literalmente desapareció en las fauces de mi amable compañero de viaje.
- ¿Querés otro?
Esa vez pudo hablar, para ser exactos fueron cuatro palabras que no olvidaré, “bueno, con mayonesa, gracias”
Esperamos dos minutos, otro monstruo, dos minutos después era historia, por la capacidad de sus mandíbulas empecé a sospechar que no les interesaba liberarlo sino sacárselo de encima y así lograr que la vitualla alcance para todos los presos.
Siguieron una coca y un alfajor.
Sonrió, estaba listo para contar su historia.
No cuenten con que yo abra la bocaza que tengo, deberán esperar a escucharlo a él, con sus palabras y su cadencia.
Lo último de Eduardo Carreras hacia ustedes será advertirles.
Si no quieren emocionarse deben detenerse aquí mientras pueden.
Si no quieren llorar cierren este blog y no entren jamás en él.
Es una compuerta que después no podrán cerrar, es la vida misma.
Lo mas sublime y lo mas injusto.
Pena, rabia, lágrimas, impotencia, furia, y también alegrías, la forma mas pura del amor, la lealtad y la bondad.
Pero lo que mas verán es la injusticia del mundo y la voluntad de un hombre niño para combatirla y hacer que, pese a todo, la vida valga la pena.
Es una buena excusa para detenerse sin apuro a pensar todo de nuevo, replantearlo todo.
Se los advertí, si comienzan a leer a Octavio no habrá marcha atrás.
Esta es su historia, su pasado y su presente.
Y es su modo de contarlo.

giovedì, ottobre 13, 2005

Única vez

Soy Eduardo Carreras, el periodista de Canal 3, ese programa cultural que se emite a las 11 de la noche, los martes.
Esta será mi única aparición en Blogtavio, el rincón en el que Octavio quiere expresarse, contarles el como y el porque segun el lo ve y lo siente.
Para que entiendan porque yo, un reconocido periodista, voy a estar tecleando horas y horas, les explicaré como lo conocí.
No diré nada mas, Uds. se van a dar cuenta de todo solitos.
En el año 2000 iba a las 9 de la mañana a Pilar, muy tranquilo y contento.
La vida me sonreía, recién independizado iba en mi auto a desayunar al aire libre para cerca del mediodía ver a un cliente, había sol, música, los primeros fríos no muy fuertes del otoño y un viento constante del oeste.
Al pasar el peaje me llamó la atención un señor de unos 40 años, con un cartel que decía "Capilla del señor", alto flaco morocho, muy prolijo, con ropa gastada pero correcta y un pequeño bolso de cuero que me hizo recordar a mi abuelo.
Me aproximé y le pregunte si le servía que lo dejara a mitad de camino.
Dudó pero luego de unos segundos de vacilación hizo ademán de subir al auto.
Fué una de esas decisiones cotidianas, que cambiaría mi vida entera.
Cambiaría mucho mas, toda mi filosofía, la manera en que veía, analizaba y aceptaba la vida.
Volvamos a ese día, después de unos kilometros en silencio tomó confianza y empezo a conversar con una voz calma, de forma pausada, como si eligiera cuidadosamente cada palabra antes de lanzarla al vacío. Pese a ello su lenguaje no era elaborado ni florido, su estructura era simple, casi aniñada.
- Que lindo está Pilar, es increible, antés era un pueblo.
- Que lindo esto, que lindo aquello, acá habia un chiquero de chanchos apestoso, ahora hay un negocio de antigüedades...
Me empezó a intrigar, hacía años que iba por esa ruta a hacer negocios y nunca había visto nada de lo que el hablaba.
- Perdón, pero ¿ Hace cuanto que no pasabas por acá ?
- La última vez hace 22 años.
- ¡ Eeeepaa ! Cuanto tiempo, ¿ Y a que venís ?
- Es una historia larga, señor (me incomodaba el señor siendo 10 años mas chico). Estuve en el penal de Río Gallegos la mitad de mi vida.
Glup, se nubló todo, se esfumo la música y el clima pasó a ser denso, lúgubre.
- ¿ Cómo ?
- Si, 22 años preso.
- ¿ Cual era la acusación ?
- Cosas feas, señor, cosas feas. Maté a un hombre malo hace mucho, me condenaron a 8 años de prisión. Después, en el penal hubo uno que se quiso aprovechar de mi, me defendí y me condenaron a 25 años mas. Por suerte me liberaron antes, hace una semana.
Debo admitirlo, tuve miedo, era evidente que al hombre no le funcionaba el mecanismo del todo bien, su mirada era extraña, y no sería para nada dificil que sacara un hacha y me cortara al medio como a una calabaza.
- Ahora voy a ver a unos parientes en Capilla, y estoy cansado.
- Una semana de viaje, no era mejor un bondi ?
- En el penal me dijeron que con el certificado los transportes me tenían que trasladar gratis hasta mi casa, pero en la boletería se rieron, así que me vine a dedo. Hace dos días se me acabó la plata, quiero llegar, comer y dormir una semana entera. Bañarme.
- Dos días sin comer !!! Pero que pasó ? te robaron ? Con cuanta plata saliste ?
- Uno de los guardias me dijo que, descontando la comida y todo eso me quedaban 20 pesos, con eso salí.
Ya no había miedo, solo una enorme curiosidad, él no parecía violento, no era la cara de un asesino, tenía como una bondad latente, una especie de aura (si puede que esté loco, y que ?)Quería saber mas de esa historia, por lo que decidí entrometerme y conocer mas a ese tipo tan particular.
le propuse desayunar en la terminal de Pilar y ayudarlo para que le den el traslado que le correspondía.
- Bueno, señor.
- ¿ Cómo te llamás ?
- Segundo López, pero nunca me llamaron así, siempre me dijeron Octavio.
- Si, se podría decir que soy Octavio López.
Y empezó a llorar.